ODIO A LA MUSICA, EL.



“Desde eso que los historiadores llaman 'Segunda Guerra Mundial', desde los campos de exterminio del Tercer Reich, ingresamos en un tiempo donde las secuencias melódicas exasperan. En todo el ámbito terrestre, y por primera vez desde la invención de los instrumentos, el uso de la música se ha vuelto coercitivo y repugnante. Amplificada hasta el infinito por la invención de la electricidad y la multiplicación de su tecnología, se volvió incesante, agrediendo noche y día en las calles comerciales de las ciudades, las galerías, los pasajes, los supermercados, las librerías, los cajeros donde se retira dinero, hasta en las piscinas, hasta a orillas del mar, en los departamentos privados, en los restaurantes, en los taxis, en el subte, en los aeropuertos. Incluso en los campos de la muerte.
La música es la única entre todas las artes que colaboró en el exterminio de los judíos organizado por los alemanes entre 1933 y 1945. La única solicitada como tal por la administración de los Konzentrationlager. Hay que subrayar, en detrimento suyo, que es la única que pudo avenirse con la organización de los campos, del hambre, de la miseria, del trabajo, del dolor, de la humillación y de la muerte.
La expresión Odio a la música quiere expresar hasta qué punto la música puede volverse odiosa para quien la ha amado por sobre todas las cosas.”

Acerca del autor Pascal, Quignard

Pascal, Quignard

Pascal Quignard, nacido el 23 de abril de 1948 en Verneuil-sur-Avre, es un importante escritor francés. Además fue un indagador musical; violonchelista, fundador del Festival de Ópera y Teatro Barroco de Versalles, que dirigió; también escribió el guion del film Tous les matins du monde.

Se inclina por las lenguas y las literaturas antiguas, así como por la música: piano, órgano, violonchelo, violín y alto. Hace estudios de filosofía en Nanterre, de 1966 a 1968, donde es condiscípulo de Daniel Cohn-Bendit. Entre sus profesores se cuentan Levinas, Lyotard y Ricœur. Comienza una tesis, dirigida por el primero, sobre el estatuto del lenguaje en el pensamiento de Henri Bergson; pero los acontecimientos de mayo de 1968 se cruzan, y Quignard se aleja de la filosofía y de la Academia.

En 1968 quema sus pinturas y destruye sus primeros cuadernos de notas. Se centra en el instrumento familiar, el órgano, que toca durante los veranos que pasa en Ancenis. Entre sus inquietudes destaca ahora su pasión por la música barroca. Además lee a LacanFoucaultDerrida y sobre todo mucha narrativa, desde Las mil y una noches o los narradores orientales hasta la literatura romana, la medieval y el clasicismo francés.

Quignard entra en contacto con la revista L'Éphémère, animada por L.-R. des Forêts, Du Bouchet, Dupin, Picon, BonnefoyMichaux, Veinstein, Klossowski, de quien se siente cercano. La textura de los escritos de Duras y Ernaux, las frases de Des Forêts y Bataille, entre otras muchas cosas de éstos, le gustan al escritor.

Los Gallimard introducen a Quignard como lector de su editorial; y luego se integrará el escritor en su comité de lectura en 1976: ello le permitirá ahondar en las formas más dispares de la literatura de finales del siglo XX.

En 1994 abandonó todos los cargos públicos, y se aisló por completo para centrarse en la escritura.

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