La histerica de nuestro tiempo ya no sintomatiza la pasividad sexual, sino que la denuncia y hasta elabora un saber sobre el trauma. Generaliza la seduccion y habilita la identificacion masiva con la victima. Si la histerica freudiana padecia en acto el goce intrusivo del Otro, la de nuestro siglo reivindica el derecho a la singularidad inmaculada que pone al Otro tras las rejas. A salvo, la histerica corrobora el aislamiento y sus nuevos sintomas en un arco que va del aburrimiento a la hiperexcitacion del deseo. En una sociedad que autoriza y estimula el goce femenino, las mujeres pueden ser activas en el sexo... pero el malestar permanece, como rechazo de la ternura. Todo y nada ha cambiado al mismo tiempo: el cuerpo histerico responde aun al sufrimiento de la sensibilidad, aunque se presente con un semblante obsesivo. Parecen obsesivas, pero son las histericas de hoy en dia; mientras que los obsesivos actuales echan mano de una histerizacion conformista que les permite jugar a ser seductores: ni neuroticos ni psicoticos, solteros. La histeria masculina, en cambio, es otra cosa: no es la histeria de una mujer en el cuerpo de un varon, sino algo muy diferente. Aunque la histeria siempre sea femenina, la pregunta del varon histerico no es ­Que quiere una mujer? sino ­Como ama un hombre?.

  • Editorial: LETRA VIVA
  • Paginas: 77
  • Edición: 2018
  • Peso: 120
  • Encuadernación: BLANDA
  • ISBN 9789506497644

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