Un anónimo escritor chileno ha decidido quemar las naves, romper con su inquietante pasado y esperar el final en Nueva York. Pero la intimidadora ciudad no tiene nada de sofisticada: es el último paradero al cual fue a dar el escritor cubano Reinaldo Arenas en circunstancias relativamente parecidas, o Manuel Puig cuando aún soñaba con encontrar un imposible.