Waldhuter

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El poeta y filósofo martinico Édouard Glissant recurre a la poesía, aunque no para lamentarse por un origen perdido, sino para aproximarse a los tiempos que corren. Nos dice: “Vivimos esta vida convulsionada del mundo, participamos de su complejidad, nos acostumbramos a pensar en su indescifrabilidad, y concebimos a estos fines alianzas de intuiciones y generosidades, que a menudo, es cierto, son frágiles y temblorosas, pero este temblor es una energía que nos acerca a las intensidades de la Tierra, y que en todo caso nos preserva de los asaltos masivos de las ideologías y los ásperos sistemas de pensamiento. Lo que percibes de la belleza del mundo te implica en tu lugar. Lo que aprecias de la belleza amenazada del mundo da dirección a tu gesto y a tu voz.” 
En Filosofía de la relación, Glissant propone pensar desde el lugar con el mundo y altera nuestras visiones de las identidades, de los espacios y de la política. Como nos señala Walter Mignolo, el pensamiento archipliélico “irrumpe en la imagen y el imaginario del Todo-Uno-Mundo y hace co-existir en conflicto el pensamiento territorial del Uno con el pensamiento relacional de la Diversidad”. Pero “no se trata de reemplazar el pensamiento territorial sino de desplazarlo, puesto que reemplazarlo supondría operar con su misma lógica”. Así, la mundialidad no es un Nuevo mundo del conocimiento y de la conquista, sino que implica aceptar lo imprevisible, lo opaco y lo tembloroso que suponen las relaciones de nuestras múltiples universalidades.  

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